domingo, 25 de septiembre de 2011
UN DIA CUALQUIERA
Era una tarde de otoño, el aire suave que acariciaba sus mejillas hacian que estas tomaran un color carmesí, sentada en lo alto de una gran piedra, miraba a lo lejos el paso continuo de los coches. Era una mujer que el paso del tiempo la habia tratado bién, su piel todavia tersa y suave mantenia firme su cara ovalada, sus ojos de un azul verdoso, cautivadores, pues según incidiera sobre ellos la luz tomaban un color u otro, hacian con su mirada profunda y exaustiva una rapida radiografia de la persona que tenia enfrente.
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